Sri Lanka en invierno
Asia

Sri Lanka: diario de viaje

Sri Lanka, septiembre 2018

Como todos los años, volvemos a sentir la irresistible llamada de Asia. Desde hacía ya tiempo, nos estaban llegando de varios amigos viajeros muy buenas referencias sobre un fantástico lugar ubicado en el golfo de Bengala. Un país insular lleno de posibilidades y en un buen momento para ser visitado. Sin pensarlo más, decidimos poner rumbo a la antigua tierra de los veddahs. Hablamos, como no, de Sri Lanka

Se trata de un país pequeño (unos 65.500 km2) que posee sin embargo una riqueza cultural y natural absolutamente excepcional. Es una tierra de contrastes, una dicotomía natural entre las llanuras costeras que ocupan casi toda la isla y el pequeño corazón montañoso de sus tierras altas. Esta orografía y los dos monzones que visitan la isla en distintas épocas del año propician un clima peculiar, con alternancia de sequías abrasadoras y lluvias torrenciales en las llanuras y agua constante en las nubosas tierras altas.

La población actual es de mayoría cingalesa y budista, aunque en la isla habitan también tamiles y árabes y se profesan otras religiones más minoritarias, como el hinduismo, el islam o el cristianismo. Se considera a los veddahs como los primeros pobladores de la isla. De la cercana India llegaron los cingaleses y el pueblo tamil, quién sabe si a través del mítico puente de Rama referenciado en la epopeya hindú del Ramayana. El budismo, la influencia de India y China y la posterior colonización europea terminaron de configurar un entramado cultural complejo y sin duda muy interesante.

Es un país perfecto para viajar por tu cuenta. La gente es amable y hospitalaria y hay suficientes opciones de transporte para desplazarte sin problema por la isla. Un par de semanas nos parece un tiempo muy razonable para conocer la esencia del país, aunque dependerá de los medios de transporte utilizados. Por ejemplo, si te mueves sólo en autobuses públicos necesitarás quizá algún día más para los trayectos.

Uno de los motivos que nos empujó a Sri Lanka fue la gran cantidad de posibilidades y diferentes experiencias que íbamos descubriendo mientras preparábamos la ruta: parques naturales, safaris, extensos complejos arqueológicos de ciudades legendarias, playas, trekkings, enclaves históricos… Y la expectativa se cumplió. Se trata de un viaje muy intenso, no se puede pedir más en tan poco tiempo.

Después de nuestra ruta por la isla, estos son los principales atractivos que en nuestra opinión justifican el viaje:

  • Su biodiversidad: una de las más importantes del mundo. Toda la isla está repleta de vida. En su diversa fauna puedes encontrar desde una de las mayores poblaciones de elefantes salvajes del planeta hasta especies únicas en el mundo, como el peculiar mono langur de cara púrpura. Las continua humedad de los bosques nubosos de las tierras altas constituyen una reserva natural de especies vegetales y animales endémicas, como el lagarto pigmeo. Los lagos y charcas de las llanuras atraen por su parte, como un imán, a cientos de especies, como ciervos, búfalos de agua, aves residentes y migratorias, cocodrilos, monos, leopardos o los ya citados elefantes salvajes. Para disfrutar de este entorno natural es muy recomendable realizar algún safari por alguno de sus parque nacionales, por ejemplo, en el Parque Nacional de Minneriya, ideal para ver elefantes, o el Parque nacional de Yala, para intentar cruzarte con algún leopardo.
  • Su patrimonio cultural e histórico: es otro de los grandes atractivos del país. La isla tiene muchos lugares interesantes en donde empaparte de su historia y cultura. El denominado triángulo cultural, al norte de la isla, es un conjunto localizaciones imprescindibles en cualquier viaje (Anuradhapura, Polonnaruwa y Sigiriya). En ciudades sagradas, como Kandy, puedes sumergirte en la espiritualidad que inunda la isla y en otras, como Galle, escuchar los ecos de su pasado colonial. En las tierras altas puedes pasear por las fotogénicas plantaciones del famoso té de Ceilán y visitar alguna factoría. La gastronomía, aunque sencilla, es también interesante. Estos son algunos de los lugares imprescindibles:
    • Anuradhapura: la primera antigua capital de Sri Lanka (s. IV a.C.). Actualmente, ciudad sagrada para el budismo. Comprende una de las áreas arqueológicas más extensas del planeta.
    • Polonnaruwa: la segunda antigua capital del país (s. XI d.C.). Un área arqueológica imprescindible donde se encuentran los Budas de Gal Vihara.
    • Sigiriya: aquí está ubicada la famosa e icónica roca de Sigiriya. Se trata de una elevación natural volcánica en cuya cima se localizan la ruinas de un antiguo palacio (rey Kasyapa, del siglo V d.C).
    • Cuevas del Templo de Oro de Dambulla: un antiguo monasterio (más de 2.000 años de antigüedad) dispuesto sobre un conjunto de cuevas que contienen en su interior estatuas y, sobre todo, unas espectaculares pinturas sobre la roca de las paredes y techos de las cuevas.
    • Kandy: la última capital de los reinos antiguos. Actualmente es ciudad sagrada y centro espiritual del país. Lugar de peregrinación, alberga el famoso Templo del Diente de Buda.
    • Galle: ciudad fortificada fundada por los portugueses en el siglo XVI. Imprescindible recorrer su centro histórico y empaparte de su historia.
  • Sus gentes: amables y hospitalarias, siempre dispuestos a devolverte una sonrisa.

A continuación dejamos nuestro itinerario de 11 días (sin sumar los dedicados a llegar y salir del país), con el esquema de nuestra ruta y los enlaces a los diarios de viaje que escribimos sobre el terreno:

  • Sri Lanka, primeros días: triángulo cultural (días 1 al 5)
    • Día 1:
      • llegada a Colombo y traslado en coche hasta Polonnaruwa
      • alojamiento en Polonnaruwa
    • Día 2:
      • safari en Parque Nacional de Minneriya
      • visita complejos arqueológicos de Polonnaruwa
      • traslado en coche hasta Sigiriya
      • alojamiento en Sigiriya
    • Día 3:
      • Sigiriya: Roca del León, Roca de Pidurangala
      • alojamiento en Sigiriya
    • Día 4:
      • traslado en coche hasta Dambulla
      • Cuevas del Templo de Oro de Dambulla
      • trayecto en coche hasta Kandy
      • visita Kandy, incluyendo Templo del Diente de Buda
      • alojamiento en Kandy
    • Día 5:
      • estatua de Buda gigante de Bahirawakanda Vihara
      • Real Jardín Botánico de Peradeniya
      • traslado en coche hasta Nuwara Eliya. Por el camino:
        1. visita a factoría de té: Damro Tea Factory
        2. Cascada de Ramboda
      • alojamiento en Nuwara Eliya
  • Sri Lanka, las Tierras Altas (días 6 al 8)
    • Día 6:
      • visita Nuwara Eliya
      • tren a Haputale
      • visita Haputale
      • alojamiento en Haputale
    • Día 7:
      • Lipton’s Seat
      • tren a Ella
      • Nine Arch Bridge
      • alojamiento en Ella
    • Día 8:
      • Little Adam’s Peak
      • resto del día y alojamiento en Ella
  • Sri Lanka, el sur (días 9 y 10)
    • Día 9:
      • taxi hasta Galle
      • resto del día y alojamiento en Galle
    • Día 10
      • Bus público hasta Unawatuna
      • Jungle Beach
      • Tuk tuk de vuelta a Galle. Resto del día y alojamiento en Galle.
  • Colombo (día 11)
    • Día 11:
      • taxi hasta Colombo
      • resto del día y alojamiento en Colombo: Templo de Gangaramaya, Zona de Pettah.

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Sri Lanka: el sur

Noveno día de viaje. Nos decidimos por la ciudad de Galle para pasar un par de noches y conocer algo del sur de la isla. Desde allí la idea era acercarnos a alguna playa cercana como la famosa Unawatuna o Jungle Beach.

Para desplazarnos hasta Galle optamos por contratar un taxi. Descartamos el autobús porque suponía estar prácticamente todo el día de viaje (unas 7 horas teóricas, más posibles imprevistos) y no íbamos sobrados de tiempo. Por cierto, contratamos el taxi a través de la app Broom Broom y la experiencia fue positiva.

Galle, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1988, es una de las ciudades más importantes del país. Por aquí entraron a Sri Lanka las primeras expediciones coloniales en el siglo XVI de mano de los portugueses, a los que siguieron después holandeses y británicos. El centro histórico, fortificado, converva ecos de este pasado colonial en sus calles repletas de pequeños alojamientos bien cuidados (algunos ubicados en viejos edificios restaurados), restaurantes, tiendas de joyas y arte.

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Es bastante recomendable alojarse en el centro, dentro de las murallas (lo que denominan El Fuerte), pues el tráfico en esta zona está restringido y es una zona bastante tranquila. Elegimos sobre la marcha el alojamiento Antic Guesthouse y acertamos de pleno. Un lugar muy cuidado, con habitaciones amplias y bien decoradas y, de nuevo, un gran desayuno.

Galle nos ha parecido un sitio con mucho encanto, para disfrutar sin prisa. Algo que no puedes perderte es salir a pasear por las murallas al atardecer. Más allá de ver la siempre espectacular puesta de sol sobre el mar, es un placer recorrer el antiguo trazado amurallado junto a sus gentes. Grupos de amigos, parejas y familias enteras que salen a caminar juntos y llenan de vida el lugar. Nuestro segundo día, 24 de septiembre, coincidimos con una de las celebraciones nacionales relacionadas con la luna llena, el Binara Full Moon Poya Day, por tanto, el ambiente fue especialmente interesante.

En cuanto a la gastronomía, hay varios lugares interesantes. Nuestra primera opción era el pequeño restaurante Spoon’s, de comida tradicional de Sri Lanka, del que teníamos muy buenas referencias en cuanto a calidad y precio. Sin embargo, no pudimos conseguir mesa (tiene apenas 4) y cambiamos de tercio a Bombay Brasserie, una opción muy diferente (comida india de Bombay, con algunos platos inspirados en su típica street food), de precio más elevado pero de gran calidad. Una grata sorpresa.

Muy cerca del centro de Galle está ubicada la playa de Unawatuna. En autobús público tardamos en llegar apenas 10 minutos. Se trata de una playa grande y un buen lugar para pasar un par de días de descanso. Desde allí puedes caminar también hasta la playa de Jungle Beach. Se tarda aproximadamente unos 20 minutos, con un tramo final un poco escarpado. Jungle Beach es pequeña y estaba repleta de gente (se notaba la festividad nacional). Aunque no fue el lugar ideal para disfrutar de un baño tranquilo, el ambiente local que encontramos fue auténtico y estupendo. La playa de Unawatuna nos pareció algo más turística pero mejor opción para disfrutar del mar.

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Unawatuna Beach

La siguiente y última parada en nuestro recorrido por Sri Lanka es su capital, Colombo.

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Sri Lanka: las tierras altas

Parece que va a ser norma general empezar el día con un banquete. Pensábamos que habíamos tocado techo pero el desayuno que nos preparó la famila de e-stay Hanthana Kandy en nuestro quinto día de viaje fue insuperable. A destacar, el dhal y el roti de coco. Un diez para esta familia y su alojamiento, por su hospitalidad, la limpieza y equipamiento de las habitaciones, la comida y sus eternas sonrisas. Muy recomendable.

Ayesh llegó puntual para iniciar la última jornada con nosotros, destino Nuwara Eliya, pero antes teníamos un par de visitas pendientes en Kandy y alrededores: el Real Jardín Botánico de Peradeniya y la estatua de Buda gigante de Bahirawakanda Vihara. Este último está ubicado en la cima de la colina Bahirawa Kanda, en el templo budista de Sri Maha Bodhi desde el que tenemos unas vistas estupendas de la ciudad y sus alrededores. Por su parte, los Reales Jardines Botánicos son una excusa perfecta para pasear tranquilamente en un espacio natural inmenso (unas 59 hectáreas), repleto de árboles espectaculares y plantas de todo tipo, a poca distancia del centro de la ciudad de Kandy (a 6 kilómetros, en la población de Peradeniya). Ambos lugares complementaron nuestra visita a Kandy que, finalmente, recomendamos incluir en cualquier ruta. Kandy tiene suficientes atractivos como para dedicarle una jordanda completa (al menos).

Entre Kandy y Nuwara Eliya hicimos dos paradas más: la visita a una Factoría de Té y la Cascada de Ramboda. La visita a Damro Tea Factory  fue una recomendación de nuestro conductor Ayesh. Nos explicaron el procesado del té, nos invitaron a tomar un té en su salón y, como siempre, nos ofrecieron pasar por su tienda. A pesar del caracter turístico, resulta interesante conocer de primera mano y en directo como se elaboran las distintas variedades del famoso té de Ceilán. La cascada de Ramboda no trae mucha agua en esta época pero merece la pena acercarse hasta su base (tardamos apenas 10 minutos en llegar, atravesando el Ramboda Falls Hotel) para disfrutar de un enclave natural magnífico.

Llegamos a Nuwara Eliya a la hora de la comida. Esta vez, probamos auténtica street food de Sri Lanka en un food court llamado Hela Bojun Hala. El lugar, anexo al mercado de fruta, se localiza fácilmente caminando por la carretera principal que cruza la población. Merece la pena acercarse a este lugar para probar con los parroquianos habituales un sin fin de pequeñas preparaciones tradicionales cocinadas al momento: aluwa, handi kaum, undu wade, kola kenda (una curiosa bebida vegetal de color verde, caliente, cuyos tragos deben acompañarse de pequeños mordiscos a un terrón de azúcar también vegetal), levariya, those, los enrollados unduwel, itly, etc. El lugar está limpio, es barato y la comida está muy buena. Después de comer hacemos una parada rápida en la pintoresca oficina de correos antes de llegar a nuestro alojamiento: Mount Mary Inn, una guesthouse muy bien ubicada y con una atención muy amable. Además, nos vino de perlas la smart tv y Netflix que, junto con una pizza que pedimos a domicilio, nos arreglo la tarde de lluvia torrencial sobre la ciudad.

Nuestro sexto día amanece despejado y aprovechamos para terminar la visita a Nuwara Eliya. La verdad es que la ciudad, en nuestra opinión, no ofrece demasiado y en un par de horas nos damos por satisfechos. Llega el momento de nuestro primer trayecto en tren. Contratamos un tuk tuk hasta la estación de Nanu Oya (a unos 8 kilómetros de Nuwara Eliya) y al llegar compramos los billetes. No teníamos ninguna reserva para primera o segunda clase, por tanto, vamos en tercera a un precio realmente bueno (unos cincuenta céntimos de euro por persona). El tren llegó con retraso (algo que parece que es habitual). En la subida al vagón de tercera tuvimos que tirar de épica para no quedarnos en el andén. Lo mismo para hacernos un sitio dentro y colocar las mochilas (a veces te toca llevarlas puestas) pero cuando el tren arranca y comienzas a ver los paisajes, todo merece la pena. Con paciencia llegamos incluso a conseguir sitio en las puertas y sentarnos con las piernas colgando (ojo con los túneles y algunos árboles…). Tras aproximadamente una hora y media de trayecto llegamos a nuestro destino, el pueblo de Haputale.

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Teníamos buenas referencias de Haputale y nuestras expectativas se cumplieron con muy buena nota. Nos alojamos una noche, que reservamos sobre la marcha. El núcleo de la localidad es muy pequeño, apenas una calle principal (la carretera que lo cruza) y unas pocas calles aledañas donde se distribuyen los comercios y alojamientos. Está ubicado a 1.431 m.s.n.m y rodeado de bosques y plantaciones de té. Tiene un mirador y varios puntos en los que puedes conseguir vistas espectaculares. El ambiente nos pareció más tranquilo y auténtico y quizá menos turístico. Es interesante como se mezclan culturas en un espacio tan pequeño. Puedes pasear por el cementerio de la iglesia de St. Andrew mientras escuchas el muecín de la mezquita y a lo lejos divisas un templo hindú. Caminar por las vías del tren al atardecer es muy buena opción para mezclarte con sus gentes. Además de esto, está el famoso Lipton’s Seat, un mirador que ofrece unas vistas espectaculares de la zona. Una buena opción es subir en tuk tuk o en autobús y bajar caminando. Más allá de las vistas del mirador, el camino es muy interesante, lleno de campos de té dónde de vez en cuando encuentras a alguna de las mujeres (tea pluckers) que se encargan de recolectar las hojas. Después de Haputale, nuevo trayecto en tren hasta la ultima localización de nuestra ruta por las tierras altas, la ciudad de Ella.

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Ella tiene un ambiente más turístico e internacional pero no por ello es menos atractiva, sobre todo por su ubicación y entorno natural. Nos alojamos dos noches para poder disfrutar tranquilamente de la zona. Descartamos la subida a Ella Rock (el camino no parece muy claro y las referencias que teníamos no eran muy buenas) y nos centramos en la subida a Little Adam’s Peak y la visita a Nine Arch Bridge. De hecho, ambos puntos pueden combinarse en una misma ruta circular muy interesante. Little Adam’s Peak está a unos 50 minutos del centro (el camino se encuentra fácilmente, basta con preguntar a cualquiera que te encuentres). La ruta es muy sencilla y ofrece maravillosas vistas de Ella Rock. A Nine Arch Bridge se llega en una media hora caminando por las vías desde la estación de Ella. Le da un punto especial ver pasar el tren sobre el puente. La verdad es que fuimos un par de veces y en ambas ocasiones tuvimos suerte, pero pueden consultarse los horarios de los trenes (y tener en cuenta los retrasos) para no fallar.

Una recomendación, que vale en general para las tierras altas, es madrugar y realizar las visitas en la primera parte del día. A medida que pasan las horas, la niebla baja, las nubes aparecen y la lluvia complica las cosas. Un buen lugar para comer en Ella comida auténtica de Sri Lanka entre tantos restaurantes turísticos es sin duda Matey Hut. Muy cerca de la estación, este pequeño restaurante prepara al momento unos platos excepcionales a muy buen precio. Tiene pocas mesas y un horario no demasiado amplio, es habitual ver gente haciendo cola en la puerta. Nos prepararon el mejor Kottu hasta el momento y uno de los mejores Rice and Curry. Muy recomendable.

Con Ella terminamos nuestra ruta por las tierras altas. Esta zona del país ha superado nuestras expectativas. Sus paisajes, gentes, cultura y gastronomía nos han parecido excepcionales. Mañana, continuamos el viaje en dirección sur, hacia la ciudad de Galle.

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Sri Lanka: triángulo cultural

18 Septiembre 2018

Este es nuestro cuarto día en Sri Lanka y la verdad es que hemos comenzado con muy buenas sensaciones. Gente amable, buena comida, naturaleza por todos lados, cultura muy interesante… Después de bastantes horas de vuelo y un buen trayecto en coche pasamos nuestra primera noche en un Home Stay que teníamos reservado: Livinginn Polonnaruwa. Un alojamiento muy sencillo pero acogedor, tranquilo, con un buen desayuno y muy cerca del recinto arqueológico de Polonnaruwa. Vamos realizar una ruta de 11 días y, como no disponemos de demasiado tiempo, hemos contratado un conductor para las cinco primeras jornadas de viaje, en las que cubriremos gran parte del triángulo cultural: Polonnawura, Sigiriya, Dambulla y Kandy. Dejaremos para otra ocasión, por falta de tiempo, las localizaciones de Anuradhapura y Aukana.

Dedicamos medio día a recorrer las ruinas de Polonnaruwa, una de las antiguas capitales de Sri Lanka y lugar de vista obligada. Nos cruzamos con algún grupo pero, en general, podemos recorrer con tranquilidad y sin aglomeraciones los distintos edificios y puntos de interés, culminando en el famoso templo Gal Vihara y sus famosas imágenes de buda talladas sobre granito.

Después de la visita a las ruinas, comemos nuestro primer arroz con curry del viaje y vamos directos al Parque Nacional de Minneriya. El conductor, Ayesh, nos facilita la contratación de un safari de unas tres horas por el parque para disfrutar de la flora y fauna del lugar, con el atractivo principal de observar elefantes. Elegimo Minneriya en lugar del parque nacional de Yala porque estamos en época seca y allí sería complicado conseguir ver leopardos, su principal atractivo.

El safari nos paraece una experiencia muy recomendable. Vemos muchos tipos de animales salvajes y plantas: camaleones, pavos reales, águilas, chacales, monos, flamencos, gran variedad de aves zancudas y, por supuesto, elefantes.

Nuestro segundo alojamiento Sigiri Rock Side Home Stay es una muy buena opción para visitar Sigiriya. Altamente recomendable. De nuevo un Home Stay con gente amable y hospitalaria, una habitación amplia y limpia, inmejorablemente ubicado (a unos 500 metros de la roca y a pocos metros de la zona de restaurantes y tiendas) y, probablemente, con el mejor desayuno de todo el viaje.

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En Sigiriya hemos subido a la famosa Roca del León y a la Roca de Pidurangala. Ambas merecen la pena. La Roca del León es uno de los lugares más visitados de Sri Lanka y, por tanto, normalmente suele estar bastante concurrido. Una opción es subir temprano para ver amanecer, pero cualquier momento puede ser bueno. Las pinturas de la Galería de las Damas de Siguiriya son espectaculares, así como, las garras que decoran la Puerta del León y, por supuesto, las vistas desde la cima de la roca. Sin embargo, la mejor vista de la Roca del León la disfrutamos por la tarde desde la cima de la Roca de Pidurangala. Cuesta un poco subir por las rocas del último tramo pero al llegar merece la pena. Hemos subido para ver atardecer y, aunque nos ha tocado bajar a oscuras (importante llevar linterna o frontal), la experiencia ha sido muy buena.

Tras una noche de descanso comenzamos nuestro cuarto día de viaje con el delicioso desayuno pantagruélico de Sigiri Rock Side Home Stay. Sin duda, un alojamiento para repetir.

Ayesh llega puntual para llevarnos a las famosas Cuevas del Templo de Oro de Dambulla. Una visita imprescindible. En la Cueva de los Grandes Reyes la atmósfera es especial, magnética. Un consejo, madrugad como hemos hecho nosotros. Observar el conjunto de estautas de Buda, Saman y Visnú en silencio, prácticamente sólos, es una experiencia inigualable.

Después de Dambuya nos hemos dirigido a la ciudad de Kandy, la última capital de los antiguos reinos de Sri Lanka. Situada en el centro de la isla, se considera la puerta de las Tierras Altas. Nada más llegar comprobamos que el clima es distinto, más frío. Nos sorprende una lluvía bastante fuerte que, afortunadamente, dura pocos minutos. Sobre esta ciudad habíamos leido opiniones diversas, algunas no muy buenas. Aunque hemos dejado para mañana algunos puntos de interés, nuestra experiencia de momento es buena. Contemplar su lago, los edificios coloniales, recorrer sus calles y probar algunas de sus bakeries de influencia británica es sin duda interesante, pero lo que para nosotros justifica visitar la ciudad es acceder al corazón espiritual de Sri Lanka, el famoso Templo del Diente de Buda (Sri Dalada Maligawa). Más allá de los aspectos puramente monumentales o estéticos, lo que ha resultado una experiencia inolvidable es visitar el templo durante una de las tres ceremonias en que exponen la famosa reliquia del diente de Buda, en concreto, la de las 18.30. Mezclarte con la gente, oir sus plegarias, observar sus ofrendas, esperar en fila junto a ellos a que abran la pequeña puerta que permite ver el relicario del diente mientras suenan los tambores y te envuelve el incienso es emocionante e inolvidable. De alguna forma, más allá de las creencias personales de cada uno, te llega lo que siente la gente.

Tras una parada en el mirador para observar la ciudad de noche, vamos a nuestro alojamiento de hoy, e-stay Hanthana Kandy. El recibimiento ha sido muy cálido y amable, y la habitación es moderna, amplia y muy cómoda.

Mañana es nuestro último día de conductor y comenzaremos a movernos en el transporte que vaya surgiendo, por supuesto, con el objetivo de realizar algunos de los famosos tramos en tren de los que tanto habla la gente.

Ahora toca descansar, viendo un rato el críquet en la tele.

Continúa el viaje en Sri Lanka, las tierras altas

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